Archivo de la categoría: Escrito en la madrugada

Un pasillo interminable

SENTÍ como si me hubiesen dejado en una barca flotando en medio de la nada. En un pueblo abandonado. Sacaron mis maletas hasta el andén, se despidieron con algunos abrazos tímidos e hicieron un gran esfuerzo por exagerar el adiós. Incluso creo que ´mi papá lloraba, por supuesto nadie le creía. Mi hermana menor fue la primera en reconocer que el tren de regreso partía pronto y todos saltaron como locos al vagón, para luego hacer la escena ridícula de agitar las manos por la ventana. Patéticos. Sigue leyendo

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Final Alternativo

Yerma, que en actitud pensativa se levanta y acude al sitio donde ha estado
Víctor y respira fuertemente como si aspirara aire de montaña, después va al
otro lado de la habitación, como buscando algo, y de allí vuelve a sentarse y coge otra
vez la costura. Comienza a coser y queda con los ojos fijos en un punto.
--Fragmento de Yerma (García Lorca)

Quienes desean conocer una ciudad a plenitud, evitan por todos los medios las rutas turísticas. Atrás dejan los curiosos con cara de sorprendidos que disparan su cámara ante cualquier objeto inmóvil. Lilian me lleva hasta Bayside y caminamos sin permiso y en complicidad a través de una sección del puerto exclusiva para los miembros propietarios de la marina. Ella va delante de mi, sonriendo e indicándome cada cierto número de pasos que baje la cabeza para que los encargados de seguridad que están al otro lado del atracadero no puedan vernos. Llegamos hasta el final del muelle de madera. Junto a nosotros hay una hilera de veleros y delante está la bahía por la cual no pasa ninguna embarcación, a la derecha se pueden ver las suntuosas casas de Star Island, en la que imagino no habrá ningún cártel de Floreclosure.

Lilian me pone de espaldas a ella para ayudarme a descargar la mochila que llevo conmigo. La abrimos y dentro hay dos botellas de vino y vasos plásticos. Saco mi navaja suiza y descorcho una de las botellas. Ella se descalza y balancea sus pies sobre el agua mirándola detenidamente. Me dice lo mucho que le gustaría nadar, mientras le paso uno de los vasos a medio llenar. Después de servirme ciño el corcho a la botella y la guardo, me descalzo por miedo a que ella pueda saltar en cualquier momento al agua y yo deba cumplir mi parte en el juego de perseguirla.

Ella es sincera a cada minuto y disfruta del silencio compartido. Me ve pensativo y no me pregunta dónde está mi mente ahora. Si lo hiciera, le habría contado sin reparo que el sonido al abrir la botella me recordó aquella noche en Jarabacoa cuando el servicio del hotel Pinar Dorado descorchó para nosotros una botella de vino. Aquella vez, como ahora, no tomamos en vasos de cristal porque esto le daba un aire más aventurero al momento. Aunque quisieras suprimir algunas partes de ese recuerdo, hicimos el amor toda la noche. Ni siquiera paramos cuando tomaste el teléfono. Debías responder porque la llamada era importante, y tuviste que confundir algunos gemidos con las respuestas cortas que le dabas a la otra persona en la línea. Yo no quise parar, porque mi asunto también era importante. Tus piernas aprietan fuertemente mi cabeza, arqueas ligeramente la espalda y luego machacas mis orejas con movimientos pasmódicos. Yo siento como si me hubiese metido en una centrifugadora. Estoy un poco aturdido y no logro escuchar si despediste la llamada antes lanzar la risa pos-orgásmica que siempre te ataca y que he aprendido a extrañar.

Cuando regreso del recuerdo Lilian tiene varios segundos hablando. Le tomo el hilo a lo que dice cuando menciona a Walt Whitman y me pregunto si habrá leído en mi perfil de Facebook que me gusta este poeta y desea impresionarme. Empieza a citar fragmentos de “Canto a mi mismo” y lo hace con tanta fuerza y profundidad que despeja en mí cualquier duda. “Abro de par en par las puertas a la energía original de la naturaleza desenfrenada” dice ella citando un fragmento. Y al escucharlo de sus labios le confiero al poema un erotismo nuevo. Lilian aparta los vasos que separan su cuerpo del mío y me pregunta por ti. Yo no sé qué responderle, le cuento que salimos el mismo día del país y que nuestro último encuentro fue una despedida definitiva. “¿Al estilo Casablanca?” me pregunta con insinuación maligna. Yo sonrío agradeciendo al cielo que nos cubre el hecho de que ella conozca la película. Sin mostrarle mi sobresalto le digo que nuestra despedida fue como la última escena de la película: con amor, pero con resignación estóica. Aclarando que no hubo un Víctor Lazslo. –Siempre hay un Víctor querido amigo. Me dice ella. Yo trato de esconder a como de lugar el cóctel de celos, vergüenza y desesperación que me sobrecoge en el momento.

–En Yerma hay un Víctor, existe incluso en Carne Trémula y en Casablanca, así que en tu historia te falta descubrirlo.

Cinelmomento

El beso bajo el agua en la película Leaving Las Vegas o el primer contacto entre Wall-E y Eva en el espacio; todo me recuerda a ti.

Todo es mentira

“Su boca, que era mía, ya no me besa más. Se apagaron los ecos de su reír sonoro y es cruel este silencio, que me hace tanto mal. Fue mía la piadosa dulzura”

Tango Argentino

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Desesperanza

Cada tarde recorro dos horas para estar contigo diez minutos. Antes de verte sonrío otra vez, ahora pienso en la rapidez innecesaria que tenemos todos los que vivimos aquí, eso te hace despreciar esta urbe que no entiendes, que no aceptas; sin embargo te reclama.

Fue extraño aquel día cuando decidimos besarnos los tres al mismo tiempo, tú jugaste con mi lengua y la ciudad mordió tus labios. Antes era felicidad, pero en alguna tarde al final del mes decidiste no compartir más conmigo aquel momento; te encontré entre mentiras y el obelisco besando por Acuario mi ciudad, que ya hoy es tuya.

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